El 8 de marzo no tiene un origen preciso, un hecho histórico, o un acontecimiento que lo identifique.
La conmemoración del 8M como el día de la mujer trabajadora es la suma de muchos acontecimientos y luchas de las mujeres obreras por sus derechos. que se remontan a la mitad del siglo XIX, y recorren todo ese siglo a los que se sumaran otra serie de acontecimientos al comienzo del siglo XX.
El 8M nace como una necesidad de visualizar esas luchas de mujeres, sobre todo para los movimientos socialistas reunidos en torno a la II Internacional Socialista de la que participaron alrededor de 30 países en 1910 en Copenhague capital de Dinamarca.
Ese día, la social demócrata alemana Clara Zetkin fue quien propuso como el Día de la Mujer Trabajadora el 8 de marzo para recordar esas luchas.
En esa época, conocida como la del “capitalismo salvaje” se sometía a los trabajadores y trabajadoras a condiciones de trabajo penosas y jornadas laborales extenuantes, incluyendo la de los y las niñas trabajadores. Dentro del movimiento obrero y socialista no había consenso respecto a las ideas de Clara Zetkins. Algunos se manifestaron en contra y dijeron que el hombre sería el proveedor del salario y las mujeres quienes se encargarían de cuidar a sus esposos e hijos”. Esta posición se basaba, entre otras cosas, al miedo a que las mujeres se incorporaran en masa al mercado de trabajo, compitiendo y bajando salarios y por supuesto al temor de que las clases explotadas no sobrevivieran.
La social demócrata alemana durante su militancia, batalló en la interna de su partido para convencer a algunos dirigentes que se oponían a que hubiera una línea de trabajo hacia las mujeres. En simultáneo, la socialista y feminista logra crear un periódico denominado “Igualdad” para reclamar el sufragio femenino, al igual que lo hacían sus contemporáneas londinenses. En la redacción del diario también se incorporan temas como el salario, las condiciones de trabajo, la atención y el cuidado de las infancias y las familias. Proponiendo así un “feminismo proletario”.

Con este panorama sobre la mesa, Zetkin aclara que lo que quiere fundar es un feminismo proletario que atienda a las trabajadoras y les transfiera la misma legitimidad frente a los trabajadores. Es así como se plantea, por primera vez, el Día Internacional de la Mujer trabajadora. Que a partir de esa fecha será celebrado básicamente en el campo socialista –creado desde inicios de la revolución bolchevique en 1917 – y por los partidos comunistas en los diferentes países del mundo.
En los años 70, con el resurgir del feminismo se propone, por resolución de la Organización de Naciones Unidas en 1975, el 8 de marzo como Día Internacional de las Mujeres. Que como tiene un carácter “universal” apela a todas las mujeres y no solo a las “trabajadoras”.
El 8 de marzo en Uruguay
Durante la transición democrática, en 1984, hubo dos conmemoraciones del Día Internacional de la Mujer. La primera consistió en colocar una flor en la estatua de la Libertad en la Plaza Libertad (o Cagancha) aunque ese día la plaza amaneció totalmente rodeada por integrantes de las Fuerzas Conjuntas de la Dictadura. La otra movilización fue convocada por el Plenario de Mujeres del Uruguay (Plemuu), en Paso Molino. Esta organización también convocó a un encuentro en la sede del sindicato de la fábrica Alpargatas junto a Familiares de Detenidos Desaparecidos. Estas fueron las primeras manifestaciones del 8 de marzo celebrado en el país aún en dictadura.
A la salida de la Dictadura, el entusiasmo y la armonía de los movimientos de mujeres y feministas se concretó en un movimiento que se llamó la “Concertación de Mujeres” integrada por diferentes organizaciones sociales (ASCEEP-FEUU, PIT-CNT, organizaciones de mujeres) y por todos los partidos políticos y esto se manifestó en el primer 8 de marzo celebrado en democracia, en 1985.
Esta armonía se quebró cuando se aprobó en 1986 la “Ley de caducidad de la pretensión punitiva del Estado,” (Ley de impunidad). Un núcleo muy importante del movimiento feminista se pronunció por el “voto verde”, que hizo luego que los siguientes 8 de marzo fueran los del moño verde y no violeta.
Con el paso del tiempo y ya avanzados los años 90´, los feminismos dejaron paulatinamente de ocupar las calles. No se puede hablar de un repliegue, pero hubo un desinfle de los movimientos. Muchas de las militantes feministas continuaron pregonando el feminismo desde sus lugares de trabajo. No fue hasta el año 2017 que se produjo este nuevo estallido feminista, que volvió a ocupar las calles y espacios públicos para hacerse notar y visibilizar su reclamos y experiencias.